lunes, 23 de noviembre de 2015

El numero 59 de GCS aborda las respuestas a los nuevos tratamientos de alto precio e incierta eficacia.



Ya está disponible en la red y distribuyéndose en papel el número 59 de Gestión Clínica y Sanitaria, y a punto de entrar en imprenta el 60, con lo que ¡!al fin!!  coincidirán el calendario y la cabecera de GCS. 
En este GCS 59  varios artículo analizan diversos aspectos de las nuevas estrategias para lidiar con el creciente volumen de tratamientos de alto precio e incierta eficacia, entre  las que se cuentan los esquemas negociados de acceso (ENA), pero también los esquemas de reembolso basados en resultados y las trayectorias adaptativas en las decisiones de autorización, cobertura y precio de los nuevos medicamentos.


Como señala Anibal García-Sempere en una de sus colaboraciones, en los últimos años, el número de nuevos fármacos de alto precio e incierta eficacia ha crecido exponencialmente, dinámica que empuja a los gestores sanitarios a idear diferentes estrategias -managed entry agreements o esquemas negociados de acceso (ENA)- para acotar las incertidumbres asociadas a su uso, precio y efectividad, y controlar su impacto sobre los sistemas de salud.  Aunque el desafío es compartido, las respuestas son locales. Cada país aplica los ENA a fármacos diferentes, y cuando coincide el fármaco, difiere el tipo de acuerdo. Los autores de una revisión internacional hallan una cierta relación, razonable, entre la selección del tipo de ENA, las políticas farmacéuticas que los fomentan y sus estructuras de gobierno
 Los acuerdos a nivel fármaco-indicación, siguiendo el marco conceptual que proponen los autores del trabajo comentado, buscan reducir la incertidumbre asociada a la efectividad, al precio o al uso del fármaco, con el objetivo de mejorar su relación coste-efectividad (C/E) y/o reducir su impacto presupuestario. Dado que a menudo estos nuevos fármacos combinan los tres tipos de incertidumbre, los ENA orientados a ajustar el C/E parecen resolver mejor la ecuación que los ENA de contención presupuestaria. Sin embargo, este análisis se mueve a nivel micro: en los acuerdos fármaco-indicación, la mejora de eficiencia o la reducción del impacto presupuestario se acota, obviamente, al fármaco-indicación objeto del ENA. Pero ¿qué sucede a nivel sistémico? ¿es suficiente compartir estos riesgos en el micro?

 Si los ENA a nivel fármaco-indicación son útiles, las actuaciones a nivel macro que aseguren la solvencia financiera del sistema en su conjunto parecen esenciales. Siguiendo esta lógica, puede tener sentido combinar intervenciones: establecer ENA de ajuste de la relación C/E por fármaco (ENA basados en resultados para fármacos de primera línea, cáncer de pulmón, por ejemplo) y, en paralelo, ENA de corte financiero a nivel agregado (por ejemplo, capping o techo para el conjunto). Coronaríamos dotando al techo de un carácter dinámico (permitiendo la entrada de nuevos fármacos) pero cerrado (a costa de desfinanciar el de peor relación C/E). Que los tiburones no nos impidan ver el tsunami. 


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